Reflexión dominical. En resumen…

Durante la semana que acaba de concluir os hemos hecho seis propuestas distintas, seis formas de entender la realidad, seis maneras de explicar la realidad, de manifestar distintos sentimientos.  Para los que no nos conozcáis, los seis estudiamos disciplinas que abarcan esos temas que vamos a tratar, ya bien sea Historia , Filología o Periodismo. No en pocas ocasiones, al preguntarme por mis estudios, mi interlocutor se queda sorprendido al escucharme decir “Historia y Periodismo”. Acto seguido enuncia “caramba, !qué bonito¡ Siempre quise estudiar algo por el estilo, pero nunca me atreví”.

El estudio de las Humanidades no solo es algo vocacional,  hacia el cual se orientan personas con una sensibilidad muy concreta. Además, el estudio o el interés por las Humanidades proporciona una visión distinta de la realidad. En un mundo donde abundan los binomios tales como blanco-negro, rojo-facha, capitalismo-comunismo las Humanidades proporcionan una infinita gama de matices a aquellos que se adentran en sus diversas ramas. Gracias a esos “cristales de colores” que la Historia, la Filosofía, el Arte, la Música, el Cine, la Lengua o la Literatura nos proporcionan podemos apreciar los matices de la vida. Que todo tiene sus pros y sus contras.

Dalí

Te animamos, a ti lector, a que te intereses por lo que a nosotros nos apasiona. A que te detengas en lo que a nosotros nos obnubila. A que participes (aunque sea un poquito) de nuestra vocación, de lo que nos realiza como personas. A que leas a Kundera, escuches a Alex Turner, estudies la Edad Media, te intereses por el mundo del lenguaje, veas una película de Stanley Kubrick (aunque no la entiendas) o a que vayas al Museo del Prado alguna vez en la vida.

Solo con eso, ya seríamos muy felices de haber hecho que alguien se interese por la cultura. Por  aquello que nos hace felices. Por aquello que nos emociona.

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Brais Cedeira Comesaña @RiiseRisketos

Mozart o Alex Turner: ¿Por qué elegir? Por qué me gusta la música.

Mi relación personal con la música

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El hecho de que el mismo Aristóteles hablase de la música como algo necesario para el hombre ya indicaba la importancia que puede tener en nuestras vidas. Como cualquier otro arte, la música es una disciplina a la que mucha gente se dedica, y que otra tanta disfruta, hasta hacerla parte indispensable de su vida.

En mi caso la música forma parte de mi vida desde mi más tierna infancia, cuando mis padres cada noche me ponían música clásica para dormir, hasta el punto de que nunca más he podido dormir sin algo sonando de fondo, preferentemente música clásica.  Ya desde entonces la música entraba en mi vida como algo indispensable. Poco a poco con los años he ido aficionándome a diversos estilos de música, a los grandes grupos que marcaron una época. Imbuido por la influencia de mi hermano o de otros comencé a aficionarme a la música rock, al heavy metal, al blues, al country, al folk, a las tendencias actuales (tan difíciles de enmarcar como un género concreto), al pop…

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Es muy curioso, y nunca dejará de sorprenderme el poder que la música puede tener sobre el individuo, y también sobre la masa. Woodstock 1969, sin ir más lejos, congregó a más de un millón de jóvenes en uno de los festivales más icónicos de todos los tiempos. Jóvenes hartos de guerra, de conflictos entre la raza humana, ansiosos de paz. Y por otro lado es curioso como también es capaz de generar el efecto contrario: el punk es un género nacido a finales de los 70, un género teñido por la ira y el malestar de los jóvenes una Inglaterra sumida en una brutal crisis económica. La música punk fue el principal vehículo de expresión, de protesta contra el gobierno de Margaret Thatcher. Con unas letras cargadas de ira, el punk se reivindicaba contra todo lo establecido.

No solo me interesa la música como fenómeno social, sino también como un proceso que va evolucionando según los tiempos y los lugares en los que tiene lugar.  De todas no debemos olvidar lo que primero y ante todo es la música: un negocio. Sí, un negocio de algo que es considerado un arte, pero un negocio.  Como el cine, el arte o la poesía, la música nos arranca sentimientos, llega al alma. Y depende  del estado anímico nos apetece escuchar una cosa u otra. Si estamos de buen humor quizás apetezca un poco del buen rollo que emana de Vampire Weekend. Si tienes un día que no se te saca el cabreo de encima, que te apetece gritar golpear cosas quizás algo de Pantera sea lo idóneo. Por eso la música va también mucho con la personalidad de cada uno. En mi caso no existe ese problema, pocos estilos de música me parecen faltos de emoción o de interés. Me parece tan interesante un disco de Neil Young como puede ser otro de hard core, por ejemplo de los australianos Parkway Drive. Como suelen decir los galleguiños, “todo tiene su aquel”.

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Por eso cuando no me quita el sueño cuando oigo a alguien decir “¿qué haces escuchando eso?? Vaya mierda de música” o bien cosas como “esa música es para nenas, no entiendo como puedes oír esa pijada”.  No es algo tenga en cuenta, ya que cada uno es como es, y lo que a unos les parece estupendo a otros les escandaliza.

Y básicamente, por todo esto que he dicho, como fenómeno, como acontecimiento social, como elemento de unión entre personas, como arte, como banda sonora de una generación, como elemento integrador… por todo eso me gusta (y mucho) la música.

Brais Cedeira Comesaña

@RiiseRisketos