Un caso impactante: American Beauty

Viernes otra vez… Huele a libertad.

Antes de salir corriendo por las puertas de la facultad hasta llegar al bar, hablemos de cine. Hablemos de la belleza americana, de American Beauty. Este film del 1999 dirigido por Sam Mendes cuenta la historia de Lester Burnham (Kevin Spacey), un hombre común y corriente lidiando con la crisis de la mediana edad e intentando sobrevivir en los suburbs estadounidenses. Sí, trata de la “belleza americana” sin haber sido filmada en Nueva York. Lester decide darle un giro de 180 grados a su rutinaria vida de empleado después de sentir cierto despertar que le hará reevaluar su existencia. Haré un esfuerzo por contar la película sin contarla (para que no se asusten los que no la hayan visto). Luego me dicen si Kevin Spacey es su héroe o no.

El film comienza con Lester narrando: “Me llamo Lester Burnham. Este es mi barrio. Esta es mi calle. Esta es mi vida. Tengo 42 años. En menos de un año habré muerto. Claro que eso no lo sé aún. Y, en cierto modo, ya estoy muerto”. Después de catorce años como empleado en una revista, encerrado en su propio hogar, Lester siente alejarse de una fantasía que ya no logra convencerlo de su autenticidad. Se acabó la felicidad artificial.

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Foto: American Beauty

A partir de aquí comienza el viaje al interior de Lester y su familia. La esposa perfecta, Carolyn Burnham (Annette Bening), y su hija Jane (Thora Birch) se verán obligadas a lidiar con el comportamiento inusual de Lester en este despertar.

No se aburran todavía. Lester empezará a revisar su concepto de la belleza, la belleza real… un concepto que creyó haber olvidado por muchos años. La casa perfecta con muebles impecables no fue suficiente. La esposa atractiva y elegante (siempre increíblemente bien peinada), tampoco.

Tratará también el American Dream o sueño americano, ideología integral de los Estados Unidos desde su nacimiento como nación. La introducción formal del término American Dream en el año 1931 por el historiador James Truslow Adams, y su consiguiente popularización y asimilación, convirtió este fenómeno en el objeto de estudio de distintas disciplinas académicas. Según Adams, el American Dream es “aquel sueño de un país en donde la vida debería ser mejor, más rica, y plena para todos, con oportunidades para cada hombre de acuerdo con su habilidad o logro”. En American Beauty, nos encontramos con una posición muy crítica y negativa, donde el American Dream es visto como una idea vacía que da falsas esperanzas de éxito y felicidad, cuando en realidad trae todo lo contrario. Es el caso de Lester Burnham.

La perspectiva idealista del American Dream se basa en la creencia de que es posible alcanzar un futuro mejor, incluso muchas veces el futuro ideal, si se pone el esfuerzo necesario. La idea que una persona común pueda convertirse en alguien extraordinario. ¿Por qué me interesa y lo considero un caso sorprendente? Porque en American Beauty yacen todas las contradicciones de la rutina; Lester logra decir y hacer todo lo que alguna vez nosotros quisimos decir y hacer. Se rebela contra el status quo.

Para los que la vieron (y los que despúes de este post la verán, con suerte): un aspecto importante en el simbolismo del film es el predominio de los colores rojo, blanco y azul. Las rosas rojas, la puerta de la casa, el jarrón de flores del salón, el jardín de Carolyn… Ya podrán ver los demás en la pantalla.

Si aún no logro convencerlos, vean la primera escena. También en español… sí, se quedaron sin excusas.

¿Cuántas veces permanecieron callados ante la autoridad de un profesor? ¿Quién no se muerde la lengua en estas situaciones? ¿Valoran más como los ven los demás o como se ven ustedes al espejo? ¿Tuvieron que hacer lo imposible para comprar el nuevo iPhone? ¿Y si los etiquetan en una foto horrorosa en Facebook?

¿Realmente te cuesta levantarte a diario para hacer lo que dices quieres hacer el resto de tu vida?

Si te sacudieron el alma estas preguntas: recuerda que las estaciones cambian y los colores de las hojas con ellas. A veces, con la suerte suficiente, salen franjas de colores en el cielo y logramos ver un arcoíris. En los parques se sienta una generación a atar los cordones de otra, a empujarla en el columpio. Hay muchas cosas que ver y hay tiempo para verlas. Hay una belleza infinita en las cosas simples. Esto me lo enseñó American Beauty.

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Foto: Instagram

No olviden observar y pensar, es gratis. Procuren no estar muertos.

¡Ah!, y vean la película.

Giselle Villeta Pellerano

@g_vp

¿Por qué cine?

Para parecer cultos, por supuesto. La gente ama a los que saben un poquito más de todo. A las chicas siempre nos impresiona que vengan a hablarnos de Casablanca y Pulp Fiction, ¿o no? Y algunas películas hasta tienen soundtracks muy chulos, sin dudarlo.

Unos dirán que el “cine viejo”  es aburrido, que las películas en blanco y negro no tienen nada que contar.  Y las mudas menos, claro. Otros afirmarán incluso que pueden ser un buen somnífero. No me atrevo a negar que sea entretenido ir al cine y ver Misión Imposible número veintisiete, pero hay algo más en el estudio del film que no señalan las carteleras.

Ya, ya…  ¿Por qué hablar de cine? ¿Qué tiene de especial?  La experiencia única que ofrece la visión de otros tiempos u otros espacios,  la capacidad de vivir la historia de otras personas en aproximadamente dos horas. Algunas películas son auténticos reflejos del imaginario colectivo de una época: Matar a un ruiseñor, por ejemplo, un film del 1962 dirigido por Robert Mulligan que discute la justicia norteamericana y la ética en una sociedad en la que los negros aún no poseen derechos políticos.

File:Atticus and Tom Robinson in court.gif

Foto: To Kill a Mockingbird

Otras son un retrato de la percepción humana y las relaciones interpersonales, como Persona de Ingmar Bergman. También existen las que buscan entretener y nada más que entretener, claro. Todos nos hemos reído hasta tirar las palomitas alguna vez.

En fin, cine hay muchísimo, y para todo tipo de persona. Yo escribo sobre cine porque para mí siempre ha sido una forma de escapar, ya sea para deleitar los sentidos, para pensar, para reír o escuchar… pero escapar con una historia. El cine me permite explorar la imaginación de otra persona, disfrutar de su expresión artística, y a la misma vez aprender, reconociendo aspectos sociológicos referentes a una época o un estilo.

Podría decir que el lente un director es una ventana al mundo (o a su mundo, que puede ser igual de interesante).

Giselle Villeta Pellerano

@g_vp